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MR smile

TE DOY LA BIENVENIDA AL MUNDO DE ESTOS PERSONAJES ESPECIALES:

Mr.& Mrs. Smile

¿Por qué se llaman así y de dónde aparecen? Bueno, como casi todos los personajes literarios, son muy suyos y aparecen porque quieren. Y su nombre es un pequeño homenaje a mi pasado como escritora, a cuando todavía no sabía que lo era. A mi infancia.

Era finales de los años 70 y mi hermana se fue a estudiar a Londres. En aquellos tiempos, las cosas del extranjero eran muy diferentes a lo que teníamos aquí. En una de sus cartas, mi hermana nos envió unas pegatinas de los dibujos de moda: Mr. Nosey, un simple señor con nariz. A mi me hizo tanta ilusión que con un montón de hojas hice mi primera libreta y puse la pegatina de portada. Había creado mi cuaderno de escritora.

MR. & MRS. SMILE OS CONTARÁN EL MUNDO A TRAVÉS DE SUS MIRADAS. A VECES DIVERTIDAS, OTRAS ÁCIDAS Y A RATOS TRISTES.

Ahora os presento a Mr. & Mrs. Smile, que no serán tan sencillos como los dibujos, pero narrarán el mundo desde su peculiar forma de verlo. Ya les iréis conociendo. Espero que los améis o los odiéis, pero que no os sean indiferentes.


El té de las cinco

Debo contarle a Mrs. Smile que el pasado jueves asistí a una de esas tertulias de escritores, poetas y lectores empedernidos de libros. Gente muy sospechosa en estos tiempos. Sin embargo nuestra amiga Ludovica, junto con otros, se esfuerza en organizar estas reuniones en la sede cultural más antigua de la ciudad, en la que los asistentes disertaban sobre la provocación en la literatura. Lo cual es de agradecer.

La pregunta de qué se hace en esos sitios aparte de leer, es bastante común. No hay nada que yo pueda esconderle a Mrs. Smile, así que ella ya sabe que  entre lectura y lectura, se tiene la excusa de tomarse un trago, por aquello de cultivar el mito de la vida bohemia. Quizás es como teatralizar el momento, creerse por un segundo que eres un artista. Es algo tan clásico como el té de las cinco de las novelas rosa de época. Mrs. Smile no me va a recriminar que las mencione, porque ella las odia más que yo.

Lo que me extrañó el otro día es que, el alcohol que corría era un vino tinto de tetra-brick ampliamente aceptado entre los indigentes. Ahí me desconcerté terriblemente y por un momento pensé cómo podría contárselo a Mrs.Smile sin que se lo tomara a broma. Hubiera sido mucho más lógico una botella de absenta, “el hada verde” inspiradora de Oscar Wilde, de Van Gogh y de Dumas.

Nada es lo que parece y eso nos lleva a todos a tener una terrible sensación de desasosiego. La gente apenas se viste de lo que es y así te encuentras que las señoras de edad provecta se visten de “lolitas”, los notarios parecen surferos y hay veinteañeros que son más retro que Churchill.  ¿Cómo se puede vestir uno de intelectual o de pintor? Antaño se podía usar levita, gorro, qué sé yo, algo que los identificara. Ahora con mucha suerte llevas un polo con el logotipo de la empresa. Pero hay profesiones en las que eso se considera poco serio, como podría pensarse del abogado penalista que vistiera gorra con el eslogan “Despacho de abogados Raimundo. La querella feliz”.

Entonces ¿para ser escritor hay que vestirse de bohemio, hay que asistir a las tertulias, hay que escribir acaso? El camino más corto sería tener un amigo editor, un “negro” de pluma fácil y, a ser posible, aparecer en un programa de televisión o ser ex – presidente. 

Ya estoy viendo a Mrs. Smile diciendo que con eso, te puedes saltar el té de las cinco y el vino tinto de las nueve.

El Faro de Neist Point

Mrs. Smile a veces descansa en un sofá color peonia que tiene cerca de la ventana. Cuando lo que ve o siente le incomoda, suele ir a viajar. Construye un mar en su mente y sale a pasear. Recopila antiguas travesías, ciudades descubiertas y a menudo solo un instante, un paisaje o una sensación.

La realidad se le hace una bola en la boca del estómago y aunque camina y hace lo de cada día, la nota que da vueltas. No puede obviarla. La angustia de la realidad va golpeando suave, como un fantasma discreto, pero pesado.

Cierra los ojos y si se esfuerza un poco, ya no oye el ruido del tráfico, de aquellas ambulancias que suenan a lo lejos, recordándole los días de confinamiento. Ahora siente frío, un aire sutil y mordiente de su viaje a Escocia.

Camino de Neist Point el tiempo se ha parado. El aire brilla con una luz apagada y tenue, risueña en su tono desvaído.

Todo tiene un aspecto atemporal, como de sueño y cuento sin año. Los animales son los únicos que disfrutan apacibles sin verse turbados  por la belleza fría del faro de Neist Point.

Los cachalotes varan, cerca de la costa, buscando gaviotas que buscan peces. Y  un millón de ovejas discretas se camuflan en el verde tranquilo de los valles que caen hasta las rocas negras y la hierba que llega a lamer las minúsculas playas de piedras oscuras.

Es el único lugar tan repleto de nada que brota entre los sentidos. Su silencio y su aire transparente le dan una presencia sobrenatural, la belleza de las cosas sencillas que dejan sin aliento.

El aire es frío, parece traer un recuerdo vago del mar y le acaricia la cara.

Subida a lo alto de la colina, sus pies notan la hierba mullida, casi compacta que le sostienen milagrosamente, como a las ovejas malabaristas de patas y morro negro. Delante tiene el mar frío, gris, espléndido y a la derecha, un faro saluda a otras islas vecinas. Un camino serpenteante llega hasta su puerta, donde han colgado un cartel de Bed & Breakfast.

Sin embargo, hay algo en el ambiente que hace que se olvide de esos detalles mundanos; puede ser la luz mágica que se ha abierto después de unas nubes de tormenta. Respira un poco de luz, esa luz tibia que vence a las nubes y da una brillante claridad, como reveladora de misterios antiquísimos. Más aquí, tan al norte del norte, más allá de la historia o las leyendas celtas. Aquí todo permanece igual. Adora esa luz extraña y reveladora. Y el agua que está en el mar y en el cielo, en su paraguas y en su recuerdo.

Entonces, las dos se dan la mano, luz y agua y cuando Mrs. Smile se distraía buscando a un tiburón en la costa, le regalan un espectáculo único y maravilloso: un arco iris de sonrisa inversa le señala el final del mar y matiza el resto de colores.

Las gaviotas del fondo, posadas sobre un banco de peces, parecen más blancas, el enorme pez desconocido, de aleta dorsal, parece más oscuro y ella parece diluirse en la luz del faro de Neist Point.

Una carta privada

Querida Mrs. Smile,

Me parece de lo más inoportuno e inapropiado. Espero que solo sea un rumor. Me ha llegado a los oídos que vamos a ser analizados. Sí, espiados, escuchados. Qué vergüenza. Pero no creo que llegue a ocurrir.

¿A quién en su sano juicio puede importarle nuestra vida? Como mucho, la gente puede mirar al vecino de casa, o al que se encuentra en el asiento de enfrente del autobús por puro aburrimiento, por dejar caer los ojos en algún sitio. Nos ha pasado a todos, supongo, pero es mero trámite, como una hoja de árbol que se arrastra por el suelo en otoño. No lo puede evitar.

Sí, es verdad que comparamos nuestros coches e incluso -eso no lo comentamos con nadie- a nuestras mujeres. Tranquila, no entras en esta categoría, digo la de las comparaciones. Nada se puede comparar contigo. Pero la vida ¿cómo va a interesarnos lo que hagan personas desconocidas, que están incluso a miles de kilómetros. ¿Cómo sabemos si su vida es cierta, si lo que dicen ocurre? Así que es absurdo. Nada va a cambiar lo que tú y yo hagamos o incluso pensemos ¿verdad? Porque todavía no es posible leer el pensamiento ¿o sí?

A veces me entra un desasosiego extraño cuando hablo contigo o te escribo. Me hago preguntas que nunca hubieran pasado por mi mente, o quizás lo que me molesta es que esas dudas sí que estaban y solo cuando te las cuento siento que les abro la puerta. Aún recuerdo cómo odiábamos a la sociedad cotilla de hace décadas, aquel abominable mundo del “qué dirán”. Pero ahora, querida, creo que es peor. Ahora esa sociedad parece que ha cambiado, evolucionado. Aparentemente. Por eso es más difícil luchar contra algo que no existe.

¿Te imaginas que alguien leyera esto? Qué estupidez ¿verdad? Sé que no ocurrirá, pero ahora mismo siento un escalofrío en la espalda, como cuando uno nota la presencia de un fantasma, mirando por encima de nuestro hombro. Como si leyera el periódico que nosotros sostenemos en la mano. Pero aquí no hay nadie, querida. Qué extrañas son estas sensaciones. Ya te iré contando.

 Te quiere, Mr. Smile.



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